El hígado es el órgano interno más grande del cuerpo de los carnívoros. Como órgano que realiza numerosas funciones, el hígado tiene una gran capacidad de almacenamiento y una reserva funcional. Además, puede regenerarse a sí mismo. Cuando el hígado de tu perro no funciona correctamente, causa problemas con la digestión y la coagulación de la sangre y puede provocar enfermedades. Sin embargo, la enfermedad hepática a menudo es tratable y controlable.

El siguiente artículo trata sobre la enfermedad hepática en perros, sus causas, síntomas, diagnóstico y tratamiento.

Causas de problemas hepáticos en perros

Para comprender las causas de las enfermedades hepáticas, primero debemos aclarar que las enfermedades hepáticas se pueden dividir en cuatro grandes grupos:

  1. Alteraciones del parénquima hepático: tanto inflamatorias (hepatitis con o sin cirrosis) como no inflamatorias (amiloidosis hepática, lipidosis hepática y hepatopatía esteroidea).
  2. Enfermedades tumorales: Linfoma, carcinoma hepatocelular, colangiocarcinoma o metástasis hepáticas.
  3. Alteraciones en el sistema biliar: Colangitis, colecistitis o mucocele.
  4. Trastornos vasculares del hígado: Derivaciones portosistémicas y congestión hepática.

Síntomas de los problemas hepáticos en perros

La presentación clínica de los problemas hepáticos en perros, como en otras especies animales, viene determinada por dos características básicas del hígado:

  • Su capacidad regenerativa: La regeneración del hígado es el proceso por el cual el hígado es capaz de reemplazar el tejido hepático perdido por el crecimiento del tejido restante. El hígado es el único órgano visceral que tiene la capacidad de regenerarse.
  • Su gran reserva funcional: El hígado no necesita utilizar toda su capacidad para realizar sus funciones. Solo se necesita el 30% del hígado para mantener los niveles normales de albúmina, por lo que el hígado tiene una capacidad del 70%.

Por estas razones, es común observar pacientes con lesiones hepáticas que permanecen completamente asintomáticos, ya que estas lesiones aún no han provocado ningún cambio funcional en el hígado. Cuando se observan síntomas sugestivos de un problema hepático, generalmente se afecta más del 70% del parénquima hepático.

Tras conocer estos detalles sobre el hígado, vamos a explicarte las tres situaciones que nos podemos encontrar en perros con problemas hepáticos:

  • Pacientes asintomáticos

Son aquellos que se encuentran en las primeras etapas de una enfermedad crónica. Dado que son asintomáticos, solo podemos determinar la presencia de un problema hepático mediante un análisis de sangre con un perfil hepático, que generalmente se realiza cuando los perros están bajo anestesia general por alguna otra razón médica.

  • Pacientes con signos inespecíficos

En estos pacientes inicialmente se observan signos clínicos inespecíficos, es decir, no indican a priori enfermedad hepática. Los síntomas que podemos ver en estos perros son:

  • Signos digestivos: vómitos biliosos y diarrea.
  • Signos urinarios: poliuria, polidipsia, hematuria y disuria.
  • Anorexia y pérdida de peso.
  • Condición corporal baja.
  • Apatía y depresión.
  • Pacientes con signos sugestivos de enfermedad hepática.

Son pacientes con enfermedad hepática avanzada en los que se ha superado la capacidad de reserva funcional del hígado. Aunque el animal padezca una enfermedad crónica, los síntomas suelen aparecer de forma aguda en el momento en que el hígado ya no puede realizar sus funciones porque se ha excedido su reserva funcional.

Los signos clínicos que podemos observar en perros en estas condiciones son:

  • Ictericia: coloración amarillenta de las mucosas. Se debe a un exceso de bilirrubina (un pigmento amarillo) depositado en los tejidos. En los perros, por lo general se nota primero en la esclerótica.
  • Ascitis: dilatación abdominal debido a la acumulación de líquido en el abdomen.
  • Encefalopatía hepática: cuando el hígado pierde su capacidad de limpieza, el amoníaco ingresa al torrente sanguíneo y, finalmente, al sistema nervioso central, lo que provoca una afección neurológica. Los signos que pueden ocurrir en estos perros incluyen un estado alterado de conciencia (letargo, estupor y eventualmente coma), debilidad o ataxia, presión de la cabeza contra la pared o el piso, dar vueltas y convulsiones.
  • Tendencia a sangrar: ya que el hígado se encarga de la síntesis de los factores de coagulación.
  • Signos urinarios: como disuria (micción dolorosa) y hematuria (orina con sangre). Suelen ocurrir en perros con derivaciones portosistémicas, como resultado de la formación de cálculos de urato de amonio en la orina.

Diagnóstico de problemas hepáticos en perros

Un protocolo de diagnóstico para perros con problemas hepáticos incluye los siguientes elementos:

  • Historia y examen general: en perros asintomáticos o perros con solo signos inespecíficos, es difícil sospechar un problema hepático. En perros con signos sugestivos de enfermedad hepática, es más fácil hacer el diagnóstico. Sin embargo, hay que tener en cuenta que los signos son muy similares en la mayoría de los problemas hepáticos, por lo que el cuadro clínico no suele aportar información sobre la enfermedad hepática concreta. Además, no es posible determinar a partir de los síntomas si el caso es agudo o crónico, ya que, como ya hemos explicado, los signos en pacientes con enfermedades crónicas suelen aparecer de forma aguda, cuando se supera la capacidad funcional del hígado.
  • Análisis de sangre: si los signos clínicos del animal sugieren enfermedad biliar, se debe realizar un análisis de sangre para determinar valores como proteínas totales, albúmina, enzimas hepáticas, amoníaco, glucosa y ácidos biliares.
  • Examen de orina: se debe medir la densidad de la orina y la bilirrubina, especialmente si la orina es muy espesa y pigmentada. También es útil examinar el sedimento de orina en busca de cristales de urato de amonio.
  • Otras pruebas de laboratorio: además, se pueden realizar pruebas de laboratorio más específicas, como la medición de ácidos biliares en ayunas o la prueba de sobrecarga de amoníaco.
  • Ecografía abdominal: esta prueba de imagen puede evaluar el parénquima hepático, el sistema biliar y el sistema vascular. Se puede utilizar para diagnosticar algunas enfermedades hepáticas, como derivaciones portosistémicas u obstrucción biliar extrahepática. Sin embargo, una ecografía negativa no descarta la presencia de enfermedad hepática porque los cambios en el parénquima hepático no producen una imagen ecográfica diagnóstica.
  • Radiografía abdominal: la radiografía debe dar información sobre el tamaño del hígado, ya que la ecografía suele dar una idea un tanto subjetiva. En patologías agudas, el tamaño del hígado es normal o aumentado, mientras que en casos crónicos está disminuido.
  • Resonancia magnética: este avanzado estudio de imagen es especialmente útil para el diagnóstico de patologías vasculares del hígado, patologías del sistema biliar y tumores.
  • Procedimiento de aspiración con aguja fina: se utiliza para realizar citologías. Esta prueba puede detectar anomalías en los hepatocitos (células del hígado) como lipidosis, hígado esteroideo, amiloidosis o tumores. Sin embargo, en perros, esta prueba es diagnóstica solo en el 30% de los casos.
  • Biopsia: el análisis hematológico se realiza en perros para los que la PAF no es diagnóstica. La muestra se obtiene por vía percutánea con agujas de biopsia o quirúrgicamente (vía laparotomía o laparoscopia).

Tratamientos para problemas hepáticos en perros

El tratamiento de problemas hepáticos en perros puede incluir uno o más de los siguientes:

  • Tratamiento médico: dependiendo de la patología concreta, puede ser necesario corregir los desequilibrios hidroelectrolíticos con fluidoterapia. También es recomendable complementar las carencias vitamínicas (con vitamina K, tiamina, cobalamina), así como para tratar trastornos digestivos y/o signos neurológicos. Algunos casos requieren administrar medicamentos hepatoprotectores como el ácido ursodesoxicólico.
  • Control dietético: en general, se debe administrar una dieta bien digerida, rica en carbohidratos de fácil asimilación y baja en grasas. Los niveles de proteína, sodio y cobre en la dieta deben ajustarse según la patología específica del perro.
  • Tratamiento quirúrgico: será necesario en algunas patologías como shunts portosistémicos o tumores hepáticos.

Prevención de problemas hepáticos en perros

Para prevenir posibles problemas hepáticos en los perros, se deben tener en cuenta los siguientes factores:

  • Vacunación y desparasitación: como ya hemos explicado, existen numerosos microorganismos y parásitos que pueden causar enfermedades hepáticas. Por ello, es importante mantener actualizado el programa de vacunación y desparasitación canina para prevenir estas enfermedades.
  • Control de otras patologías: Se deben mantener bajo control las patologías que puedan ser secundarias a cambios hepáticos.
  • Control de tratamientos farmacológicos: En pacientes tratados con fármacos hepatotóxicos, se deben realizar controles periódicos y mantener la dosis dentro de los límites terapéuticos.
  • Prevención de intoxicaciones: por micotoxinas, plantas hepatotóxicas, etc.

Las revisiones médicas son muy importantes en nuestros animales. Si crees que tu peludo puede estar sufriendo una enfermedad hepática, no dudes en traerlo a nuestra consulta para determinar un diagnóstico y encontrar el mejor tratamiento para su enfermedad.